Notas de oficio ·

Consultoría gastronómica: qué es y cuándo la necesita un restaurante

Por Juanma Agrela

Casi nadie escribe «consultoría gastronómica» en un buscador porque le interese el término. Lo escribe porque algo no va y todavía no sabe ponerle nombre. Esto es un mapa de lo que hay debajo de esas dos palabras y, sobre todo, de cómo saber cuál de todas esas cosas necesitas tú.

Qué se llama consultoría gastronómica

Bajo ese paraguas caben oficios que no se parecen en nada entre sí:

  • Costes y escandallo. Qué margen deja cada plato de verdad, con la merma dentro y el personal repartido.
  • Procesos de cocina. Cómo se organiza una partida, qué se adelanta, dónde se atasca el pase un sábado a las 22:00.
  • Expansión y plan de negocio. Qué hace falta para abrir un segundo local sin que el primero se resienta.
  • Formación de sala. Protocolo, conocimiento de carta, venta sugerida, gestión de la queja.
  • Marca y comunicación. Qué cuenta el restaurante de sí mismo y por qué canales.
  • Obra, luz y acústica. Dónde se sienta la gente, cuánto ruido devuelve el techo, qué temperatura tiene la luz.

Cada casilla tiene profesionales serios y cada una responde a una pregunta distinta. El error habitual no es contratar mal: es contratar la casilla equivocada porque el problema venía sin etiqueta.

Cuándo un restaurante necesita consultoría gastronómica

Hay casos en los que el nombre del problema está claro y lo único que falta es la mano que lo resuelva.

La cuenta de explotación no cuadra aunque el local llene: eso es escandallo y estructura de costes. El servicio se rompe siempre los mismos días y a la misma hora: eso es proceso, no actitud. Vas a abrir un segundo local o a pasar de treinta cubiertos a ochenta: eso es plan, y conviene tenerlo escrito antes de firmar el alquiler. Acabas de comprar un negocio en marcha y necesitas saber qué has comprado. Vas a mover la barra de sitio y quieres que alguien te diga qué le va a pasar al ruido.

Todos esos casos comparten algo: sabes qué te duele. Puedes nombrar el problema aunque no sepas resolverlo. Si estás ahí, busca a quien haga eso concreto y pídele referencias de trabajos parecidos.

Cuando el problema no tiene ese nombre

Hay otro caso, y es el más frecuente entre los restaurantes que llevan años funcionando. No hay una cifra que arreglar. El local llena, el equipo lleva tiempo contigo, las reseñas son buenas. Y aun así hay algo que no termina de sonar.

Ese caso es difícil de contratar porque es difícil de enunciar. Y es difícil de ver desde dentro por una razón sencilla: nadie te lo va a decir.

Tu equipo no, porque lleva años viendo lo mismo que tú y ha normalizado lo mismo que tú. Tu clientela habitual tampoco: viene a comer, no a evaluarte, y además te tiene cariño. Y el cliente que sale decepcionado no se queja. Simplemente no vuelve. A los que no vuelven no los puedes contar.

Diagnóstico, implantación y lectura

Conviene separar tres cosas que a menudo se venden juntas.

Un diagnóstico dice qué pasa. Una implantación lo ejecuta: entra en la cocina, cambia el proceso, forma al equipo, se queda meses. Una lectura es otra cosa: alguien de fuera, con criterio y sin interés en el resultado, entra como entra un cliente y te devuelve lo que ha visto.

Cuando quien diagnostica es también quien cobra por implantar, el diagnóstico lleva un sesgo dentro. No digo que sea deshonesto: digo que es humano, y conviene saberlo antes de firmar.

Lo que hacemos nosotros es lo tercero. Una Sesión de Afinación es una visita de incógnito de los dos afinadores, una conversación con la propiedad antes de irnos y un informe firmado, enviado en las 24 horas siguientes, que recorre el restaurante en siete secciones, de la ubicación al veredicto. Cada bloque dice lo que vimos, lo que pensamos y qué haríamos. No implantamos nada: te decimos qué afinar, y afinar es tuyo.

Un cliente decepcionado no se queja. No vuelve. Y a los que no vuelven no los puedes contar.

Cuatro preguntas antes de contratar a cualquiera

Valen para nosotros y valen para quien sea:

  1. ¿Cobra de proveedores? Si quien evalúa tu bodega tiene acuerdo con una distribuidora, el informe ya está escrito.
  2. ¿Va anunciado o va como un cliente más? Un servicio que sabe que lo miran no es tu servicio.
  3. ¿Qué te deja por escrito y quién lo firma con nombre y apellidos? Un juicio sin firma no compromete a nadie.
  4. ¿Te vende después lo que su diagnóstico señala? Si la respuesta es sí, léelo teniéndolo en cuenta.

Si quien tienes delante responde bien a las cuatro, lo demás es cuestión de encaje.

Cómo saber cuál es tu caso

Si al leer el mapa has reconocido tu problema en una de las casillas con nombre —los costes, el pase, la obra, la apertura—, ya sabes a quién buscar. Ve a por eso y no pagues por lo demás.

Si lo que has reconocido es lo otro, el restaurante que funciona y aun así no termina de sonar, entonces lo que te falta no es alguien que te enseñe tu oficio. Lo sabes mejor que él. Lo que te falta es distancia: alguien de fuera con criterio suficiente para ver lo que tú ya no ves, y con el estómago de decírtelo a la cara.