Notas de oficio ·

Por qué no hacemos auditorías de restaurantes

Por Fernando Huidobro

Nos lo preguntan en casi todas las llamadas. «Entonces esto es una auditoría, ¿no?». No. Y la distinción no es una manía de vocabulario: cambia lo que recibes.

Qué hace una auditoría

Una auditoría compara una realidad con un estándar escrito de antemano y dictamina si se cumple. Ese es su trabajo y lo hace bien.

Un restaurante necesita varias y no son opcionales. El plan de APPCC y sus registros. La trazabilidad del producto. La declaración de alérgenos. La revisión de extracción y de extinción. Si trabajas bajo una enseña, la auditoría de marca que verifica que el gramaje y el protocolo son los mismos en los quince locales.

Todas ellas tienen la misma virtud: son binarias y son repetibles. La cámara está a 3 °C o no lo está. El registro tiene la firma o no la tiene. Dos auditores competentes con la misma lista llegan al mismo resultado, y así debe ser. Si necesitas una de estas, contrátala. No somos nosotros.

Por qué un restaurante no cabe entero en una lista

El problema aparece cuando se intenta meter en ese formato lo que no es binario.

Una lista puede comprobar que te saludan al entrar. No puede decirte que ese saludo llegó ocho segundos tarde porque quien estaba en la puerta tenía la vista en la comanda, y que esos ocho segundos colocaron a la mesa en una posición de la que el servicio ya no se recuperó.

Una lista puede comprobar que la carta declara los alérgenos. No puede decirte que tiene cuarenta y dos referencias, que doce entraron como temporada hace tres años, y que esa carta no habla de una cocina con criterio sino de una cocina que no ha querido renunciar a nada.

Una lista puede comprobar que el segundo plato salió en menos de quince minutos. No puede decirte que ese día, en esa mesa, con ese primero, quince minutos fueron demasiados.

Lo que más dice de un restaurante casi nunca está en el plato, y casi nunca cabe en una casilla.

Dos auditores con la misma lista llegan al mismo resultado. Esa es la virtud de una auditoría. También es su techo.

Lo que hacemos en su lugar

Leemos el restaurante. Los dos vamos a comer de incógnito, como un cliente más, y salimos con una lectura, no con un porcentaje de cumplimiento.

Esa lectura tiene una forma fija. Recorre el restaurante en siete secciones, en el orden en que lo vive un cliente: ubicación, llegada, platos, bodega, sala, coherencia y veredicto. Y cada bloque temático dice tres cosas, siempre las mismas: lo que vimos, lo que pensamos y qué haríamos.

Esa tercera parte es la que una auditoría no da, porque no es su oficio. Una auditoría señala la desviación. Nosotros proponemos un movimiento concreto y nos mojamos al proponerlo.

Y lo firmamos. El informe sale firmado por los dos, con nombre y apellidos, en las 24 horas siguientes a la visita. Un juicio sin firma no compromete a nadie.

Lo que cuesta firmar un juicio

Un informe que emite juicios es más útil y también más incómodo. Asumimos las dos cosas.

Significa que a veces decimos algo que no gusta, y lo decimos igual a la cara en la conversación previa. Significa que no cobramos de proveedores, porque el día que la bodega tenga un acuerdo detrás el veredicto sobre la bodega no vale nada. Significa que no publicamos lo que leemos ni decimos quién nos contrata. Y significa que podemos declinar una reserva ya pagada, con reembolso íntegro, si al leer el brief vemos que lo que se busca no es una lectura sino una palmada en la espalda.

También significa que no nos quedamos a ejecutar. No implantamos, no formamos al equipo, no gestionamos nada. Te decimos qué afinar; afinar es tuyo. Eso está en lo que no hacemos, por escrito, desde antes de que reserves.

Cuándo sí necesitas una auditoría

Si lo que tienes delante es una obligación legal, una certificación o una enseña que verificar, necesitas una auditoría y necesitas un auditor. Nosotros no te servimos para eso y no vamos a fingir que sí.

Si lo que tienes es un restaurante que funciona, que llena, que tiene equipo y clientela, y una sensación difícil de nombrar de que algo se te escapa, entonces ninguna lista te la va a nombrar. Esa sensación no es una desviación respecto a un estándar. Es una distancia entre lo que tu restaurante es y lo que podría ser, y para medir esa distancia hace falta criterio, no casillas.